El Viaducto de Segovia

 

 

[Video por Kristy Schaut, texto escrito por Alana Bergeson]

 

El viaducto de Segovia: las razones para pintar este lugar, el favorito de Sniper

No es un secreto por qué Arturo Pérez-Reverente eligió el famoso viaducto de Segovia como el lugar predilecto de su personaje principal en su libro El francotirador paciente.  Eligió este sitio por los elementos sociales que se pueden infiltrar en su novela.  Además de ser uno de los sitios más impresionantes de la ciudad, según Rutasconhistoria.com, es también uno de los sitios más embrujados por una historia tan oscura porque “durante su construcción se produjeron accidentes mortales” y era el sitio popular “en numerosas ocasiones por los suicidios de la ciudad.”  Para prevenir los suicidios, Rutasconhistoria.com también nota que el “Ayuntamiento de Madrid instaló en octubre de 1998 unas pantallas transparentes junto a las barandillas del viaducto.”  Desde la instalación de las pantallas, los grafiteros han encontrado un sitio nuevo para marcar su territorio.  La altura del viaducto, “a casi veinticinco metros,” ofrece vistas espectaculares, cuenta Tatiana G. Rivas en su artículo “Plaga de grafitis en el Viaducto de Segovia” por ABC Madrid.  Pero las vistas “casi siempre están empañadas con los centenares de grafitis” que también aparecen en el hormigón de sus bases.  La gente de Madrid y los turistas no pueden ver solo las vistas de la ciudad desde aquí, sino también tienen que ver las firmas de grafiti o el arte urbano en frente de la vista.  Es una manera inteligente para asegurarse que todos ven la real Madrid, con todos sus problemas.  Pérez- Reverte eleccionó el Viaducto como el lugar predilecto de Sniper porque pintar en este monumento significa rebelión contra el gobierno, confusión entre el espacio público y el espacio privado y el deseo de dar un mensaje a toda la gente de Madrid.

              El Viaducto empezó como una solución para simplificar la travesía por el vallejo donde corría el arroyo de San Pedro (Sánchez 66).  Hoy en día es el sitio de muchos problemas con los grafiteros de Madrid.  La limpieza de las pinturas cuesta mucho dinero.  Según Rivas en su artículo “Crecen las <<empresas piratas antigrafitis>>” por ABC Madrid los expertos de la limpieza “cobran entre 80 y 90 euros” para cada metro cuadrado cuando los piratas “lo hacen por 25 y 30 euros.”  La limpieza de las pantallas es tan cara que “la gente prefiere tener sucias las fachadas con grafitis a gastarse el dinero en quitar las pinturas que volverán a repetirse,” dice Miguel Ángel Conde, el gerente de Limpiezas Atienza.  Pintar en el monumento y costar tanto dinero que los ciudadanos no quieren que el Ayuntamiento gaste el dinero de limpiarlas simboliza que el ayuntamiento está perdiendo la batalla de la rebeldía de los grafiteros en Madrid.  Todo el grafiti es ilegal, pero la mayoría de los grafiteros no quieren que sea legal.  Sniper dice que “si es legal, no es grafiti” (Pérez-Reverte 43).  Stephen Luis Vilaseca dice en su artículo “From Graffiti to Street Art: How Urban Artists are Democratizing Spanish City Centers and Streets” que “street artists interact unrestrictedly with the built environment instead of accepting the imposed, fixed relations of private porperty and normalized codes” (9).  Los grafiteros usan el espacio de la ciudad para llamar atención a los pobres para que el gobierno los note que existen y también tienen importancia (10).  Si grafiti es legal, no hay un problema.  No es prohibido y los políticos dejan de vigilar sus acciones.  Es porque es ilegal que los grafiteros hacen sus obras.  En tanto que el gobierno tenga poder sobre las calles de Madrid, “siempre intenta domesticar lo que no puede controlar” (Pérez-Reverte 81).  Los artistas del arte urbano muestran una rebeldía contra el sistema, pero significa más.  No es simplemente una rebeldía, es una rebeldía capaz de “cuestionar el mandato de la sociedad, que retuerce las formas, que solivianta las reglas, que conjura la vida y la muerte en un espejo de dos caras hasta perderse en el vértigo insinuado de lo infinito: la firma grafiteada” (Figueroa iiiv).  El grafiti es un acto contra el sistema, pero también es la seguridad de que los políticos oyen la voz de los pobres, los que usualmente no tienen voz en la ciudad.

            Las pinturas de grafiti en el Viaducto también señala la confusión que existe entre el espacio público y el espacio privado en la ciudad de Madrid.  Un espacio público es un espacio que todos tienen el derecho de usar, sin discriminación.  No pertenece a nadie y pertenece a todos.  Es en esta idea que existe la confusión.  Ava Bromberg definió el espacio público en una entrevista con Nato Thompson como un lugar “where strangers can develop or discover a new interest or engage deeply with people and concepts they’ve never encountered.”  Esta idea es exactamente lo que quiere producir los artistas de arte urbano.  Quieren pintar obras que fuercen  a los ciudadanos a entablarse con otros.  Además los grafiteros dan la bienvenida a cambios en su arte porque arte urbano debe cambiar con la ciudad.  Desean sentirse parte de algo, parte de la ciudad, porque la calle es el único sitio donde pueden encajar; “la calle es el único sitio donde sabes que algo es real” (Pérez-Reverte 104).   Pérez-Reverte escribe sobre los sentimientos de la exnovia de su personaje central, Lex, en su libro: “Allá afuera, dijo, mientras agitas el espray, hueles la pintura fresca que ha dejado otro escritor en la misma pared como si olieras su rastro, y te sientes parte de algo.  Te sientes menos sola.  Menos nadie” (37).  Por el otro lado por pintar en el espacio público los artistas están asegurando que la propiedad es suya.  Es una causa de irritación a los que no comprenden ni el grafiti ni el arte urbano.  Piensan que el arte urbano destruye el paisaje urbano.  El ayuntamiento y muchos de los ciudadanos quieren que se quiten las pinturas porque quieren “mantener la impresión de una ciudad limpia y ordenada, sino también el aspecto de un paisaje tranquilo y armonioso en términos sociales” (Figueroa 293).  Mientras los grafiteros solo usan tags, o nombres pintados que a veces son difíciles de leer, los artistas urbanos intentan “soportar los luminosos, los rótulos, la publicidad, los autobuses con sus anuncios y mensajes estúpidos” (Pérez-Reverte 82). 

            Si el ayuntamiento permite los anuncios de los negocios privados en los espacios públicos, deben permitir los mensajes públicos de los artistas de arte urbano en el espacio público.  Los artistas quieren dar una voz a la gente pobre, que no tiene una voz, por utilizar “los muros para manifestar su ideología” (Pérez-Reverte 43).  El Viaducto es un lugar brillante para pintar porque es un lugar con una historia oscura con todas las muertes que han ocurrido allá.  Sniper vio un suicidio cuando pintaba en los pilares de hormigón y su colega Topo75 piensa que eso lo marcó (Reverte 79).  Quizás este evento sea lo que ha hecho que este sitio sea su favorito porque sus obras podrían tener un gran efecto allá; es un lugar perfecto para dar un mensaje al público. 

            Cuando muchos de los artistas pueden ganar mucho dinero vendiendo su arte o mostrándolo en un museo, Sniper siente que hacerlo sería “como vender el alma al diablo o vender tu culo en el parque” (Pérez-Reverte 82).  No es un acto sincero.  Es un acto egoísta.  La idea es que la gente habla acerca de él sin saber quién es, o sin conocerlo (Pérez-Reverte 71).  Quiere que la gente tenga que pensar y hacer cuestiones sobre su propia existencia.  Vilaseca nota que Margaret Kohn ofrece esta solución en su discurso en la Public Art and Democracy Conference at the University of Minnesota in 2008: “Instead of pushing the urban poor to assimilate middle-class values, the goal is also to create public spaces where the middle classes may also question their own values” (16).  Este es exactamente porque Sniper no quiere ni mostrar su arte en el museo ni venderlo.  

            Cualquier tipo de arte es una expresión creativa de la mente del artista.  Se puede comprender mejor la emoción y la realidad por una obra de arte que una obra literaria.  El arte tiene que ser libre.  Une la gente, toda la gente, y les da una razón para hablar.  Vivimos en una sociedad viral, donde puede pasar un día entero sin decir ni una palabra.  El internet ofrece una manera más rápida de interacción entre dos personas, pero el arte se queda en las calles.  Es un mundo afuera de las normas, un mundo con sus propias leyes, un mundo que nos da una razón por hablar a nuestros vecinos.  Porque está afuera de la ley, el ayuntamiento no puede controlar estas interacciones, no puede filtrar lo que podemos discutir.  El grafiti y el arte urbano son ilegales porque pueden ser usados como un acto de rebeldía contra el sistema.  El uso del arte en el espacio público que genera la cuestión ¿qué es el espacio público? y ¿para quiénes son los espacios públicos?  La línea entre el espacio público y el espacio social es tan fina.  Los artistas no dan una razón de interactuar porque nos dan obras que no hacen pensar y hacer cuestiones de nuestra sociedad, nuestra forma de vida.  Es posible que una obra de arte mejore a una persona.  Pérez-Reverte pensó en todas estos puntos cuando seleccionó el lugar favorito de su personaje central.  A Sniper le gusta pintar en el Viaducto porque es un monumento que se encuentra difícil y caro para limpiar.  Es un acto de rebeldía.  También es un espacio público y pintar allá con la ciudad en el fondo es una manera impresionante de capturar una audiencia y darles un mensaje importante. Es un lugar brillante, como el artista Sniper, un lugar perfecto.

 Véase el mapa de Madrid

 

Las referencias bibliografías

Figueroa Saavedra, Fernando.  El grafiti de firma, Un recorrido histórico-social por el grafiti

     de ayer y hoy. Madrid: Minobitia, S. E., 2014. Print.

Pérez-Reverente, Arturo.  El francotirador paciente. Madrid: Santillana Ediciones Generales,

     S.L., 2013. Print.

Rivas, Tatiana G.  “Crecen las <<empresas pirata>> antigrafitis.” ABC Madrid 11 Aug.

     2013: Web.

---.  “Plaga de grafitis en el Viaducto de Segoia.” ABC Madrid 22 Apr. 2013:

     Web.

Sánchez Blázquez, Eloy. Calles del centro histórico de Madrid con rótulos en cerámica.

     Editorial Visión Libros, 2012. Print.

“Viaducto de Segovia” Rutasconhistoria. Ábaco Soluciones. 2014. Web. 16 Oct. 2014

Vilaseca, Stephen Luis.  “The Triball Case: “Okupación Creativa ¡Ya” vs. Okupa Hactivismo.”

            Arizona Journal of Hispanic Cultural Studies 14 (2010): 11-30. Print.

---. “From Graffiti to Street Art: How Urban Artists are Democratizing

            Spanish City Centers and Streets.” Transitions. n.d.: 9-34. Print.

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